Nueva compra para la familia de ordenadores que tenemos en casa: MacBook Pro 13″ [2'26 GHzs, 2 GB RAM, 160 GB HDD]. De tienda viene protegido por una caja de cartón con esquineras, dejando varios centímetros vacios entre la caja interna (blanca) y la protección del cartón exterior.

La caja interior, como todos los productos de Apple, es impecable. Protectores de gomaespuma negra, plásticos antirayaduras en todos los componentes (portátil, transformador), acolchado para el teclado.

Contenidos de la caja blanca: El propio portátil, cable de corriente (fino, como deberían ser todos los productos electrónicos hoy día) y un alargador, en este caso ya de cable gordo, que me sobra. Tiene un sobre negro con discos y papelajos, que veremos en la siguiente foto.

Dentro del sobre, los típicos papeles que nunca nos leeremos: Guía sobre los Mac, licencia de software, dos pegatinas para fardar de ser un pijo y dos discos con software (sistema operativo y aplicaciones), junto a lo que en principio pensé que eran unas fundas negras de tela para guardar los discos, y al abrirlo descubrí que es el típico trapo suave para limpiar la pantalla. Muy completo.

Y, por último, la comparativa en el despacho: MacBook Pro de 13″, Medion Akoya Mini de 10″ (con Hackintosh funcionando), pantalla LG de 22″ haciendo de monitor extendido del Akoya. Ese Hackintosh es el culpable de que ahora haya decidido gastar el dinero en comprar un Mac. El Mac está fotografiado tal y como viene con sólo encenderlo (todo viene preinstalado, con Snow Leopard, y es utilizable en dos minutos).

Ahora ya le he instalado unas cuantas cosas, lo he personalizado a mi gusto, y sólo me queda comprar el adaptador a DVI para utilizar el monitor como pantalla extendida.