Finalmente me he convertido en un switcher, abandono los terrenos inhóspitos del PC para adentrarme en los verdes pastos del Mac. Después de trastear bastante con un par de Hackintosh (un equipo de sobremesa y un netbook), disfrutar de un iPod Classic y de un iPhone como teléfono particular, creo que he aprendido bastante de los productos de Apple como para atreverme con un portátil con el que no me da miedo actualizar software “por si se rompe”, como pasaba con los Hackintosh.
Hace un tiempo, concretamente a finales de 2006 (que ya ha llovido desde entonces), cansado de una serie de efectos extraños que mostraba el Windows XP que utilizaba por entonces, me cambié a GNU/Linux en el equipo de sobremesa, lo que me permitió poder seguir utilizando mi equipo en perfectas condiciones sin necesitar actualizarlo hasta el día de hoy. Con el paso de los años, el equipo de sobremesa se fue convirtiendo en un servidor de descargas, y para el (escaso) trabajo diario fuera de la oficina me bastó con un pequeño netbook en el que tenía instalados los tres sistemas operativos (Windows XP, Ubuntu y OS X).
Hace unos días, el equipo de sobremesa del que os hablaba se fundió. Así, sin más. Unos cuantos años de funcionamiento 24/7 es lo que tienen. Y entre unas cosas y otras, y que el netbook se me queda pequeño para algunas tareas, empecé a plantearme varios cambios en mi “infraestructura informática local”, que han llevado (entre otras cosas) a la compra de un Mac.

¿Por qué un portátil?
En la red casera tenemos todo compartido, para poder acceder desde el media center del salón (aunque es un sistema que también va a mejorar con un nuevo NAS), así que no tenía mucho sentido comprar un equipo que es más grande, hace más ruido, y que no me puedo llevar a ningún sitio. Ya tengo un monitor accesorio de 22″ para utilizar junto al portátil con escritorio extendido, por lo que me parecía la mejor opción. Portabilidad.
¿Por qué Mac y no otro PC portátil?
Otro PC implicaría trabajar con un producto Microsoft o uno GNU/Linux. Nunca he trabajado con Vista, ni a nivel profesional, ya que aún no lo he visto utilizado en ninguna empresa, y el nuevo Service Pack de Vista el nuevo Windows 7 no veo cercano el día que lo utilice, aunque lo cierto es que lo que he oido hablar de él es bastante positivo.
Y aunque nunca me cansaré de cantar las excelencias de los productos GNU, especialmente desde que Ubuntu se está llevando el mercado de calle, en mi caso particular estoy cansado. ¿Cansado? ¿De qué? Cansado de pegarme con la tecnología. Estoy cansado de no saber por qué no funciona un producto de Microsoft y estoy cansado de saber por qué no funciona algo en Ubuntu y de buscar la información para arreglarlo.
Con honestidad, estoy cansado hasta de discutir sobre tecnología. Si no estás de acuerdo con lo que he dicho, bien por ti, me da igual y no voy a responder comentarios al respecto. El mundo es grande y hay sitio para todos, Sega vs Nintendo, XBox vs PlayStation, PC vs Mac, Fagor vs Zanussi. En serio, me da igual. Yo tengo mis razones y los demás tienen las suyas.
Pero no voy a poder hacer <tarea x>
Hoy en día se puede hacer de todo en todas partes. Y si alguien quiere llorar con que “en mi trabajo utilizo no se qué software que sólo existe para Windows” mi respuesta sólo puede ser: el equipo de mi trabajo lo compra mi empresa y ellos deciden lo que quieren, el equipo de mi casa lo compro yo. El trabajo no me lo llevo a casa, se queda en la oficina.
Y si, aún así, alguien está empeñado en utilizar algo concreto, tanto para Linux como para Mac existen múltiples tecnologías de virtualización capaces de solucionar (casi) cualquier problema.
Pero los Mac son caros
Sí, son caros. Pero si los estáis comparando con los portátiles de baja gama que se ofertan por 500 euros os estáis confundiendo de segmento. Los MacBook son aparatos muy completos que no compiten con esos, sino con los de primera línea de las principales marcas (las caras, vaya): HP, Sony, etc. Aun así seguirán siendo algo más caros que su competencia, pero no tanto como puede parecer si os vais a comparar con los productos de línea baja, lógicamente. Ya queda a la decisión de cada uno si esa diferencia de precio la merecen los acabados, los materiales, la facilidad de uso o la calidad del software. Yo he considerado que lo vale. Y, de todas formas, dado que no necesito más potencia de cálculo para nada, mi compra ha sido la del MacBook Pro más “pequeño” que se comercializa, 2GB de RAM, 2,26 GHzs de CPU, que sale por unos mil euros.
Conclusión
Es un producto que se adapta a mis necesidades mejor que los otros que he considerado. A otro perfil de usuario es posible que se adapte mejor otro tipo de equipo u otro sistema operativo. Pero yo, ahora mismo, acostumbrado al mundo PC, estoy disfrutando como un enano de la facilidad de uso, de los interfaces limpios e increiblemente intuitivos, del touchpad multitáctil, del teclado iluminado y de los sensores de luz ambiente que cambian automáticamente el brillo de la pantalla, entre otras cosas.
En próximos posts, más sobre esta compra.